Siervos Inútiles

Lucas 17:7-10 dice:

“Si alguno de ustedes tiene un siervo que ara o apacienta el ganado, ¿acaso cuando él vuelve del campo le dice: “Pasa y siéntate a la mesa”? ¡No! Más bien, le dice: “Prepárame la cena, y arréglate la ropa para servirme mientras yo como y bebo. Después podrás comer y beber tú.” ¿Y acaso se le agradece al siervo el hacer lo que se le ordena? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha ordenado, digan: “Somos siervos inútiles, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber.”

¿Cuántas veces ha escuchado usted el pasaje anterior durante una prédica?

En el ministerio cristiano usted se va a encontrar con cuatro tipos de personas.

#1- En este grupo hay personas con mucho conocimiento y con mucha experiencia, pero son muy orgullosos y quieren reconocimiento todo el tiempo. Este tipo de personas típicamente habla mal de otras personas y de otros ministerios, ya sea en broma o en serio. Les cuesta reconocer que Dios usa a otras personas bastante bien. Típicamente menosprecian a los demás en tono de burla.

#2- Estas son personas que no tienen mucho conocimiento y experiencia, pero aman a Dios y el ministerio profundamente. Este tipo de personas son susceptibles a cometer los errores de novatos (siendo así victimas del grupo #1). Sufren en el ministerio porque los hacen a un lado tan pronto tienen opiniones diferentes. Normalmente pierden las responsabilidades que tanto aman en el ministerio, causándoles gran dolor y desánimo.

#3- Estas son personas que no tienen conocimiento ni experiencia en el ministerio, pero son muy orgullosos y quieren reconocimiento todo el tiempo. Estas personas son calumniadoras, “serruchan el piso” a sus líderes más cercanos (típicamente del grupo #2) y siempre están admirando y adulando a las personas del grupo #1. Estas son personas destructivas, típicamente son personas con muchos años en una misma iglesia. Muchos ministerios han fracasado por personas del grupo #3.

#4- Estas son personas que tienen mucho conocimiento y experiencia, pero que mantienen una humildad constante. Normalmente no necesitan decirle a la gente cuántos años tienen el ministerio. Siempre tratan a las personas con amor y misericordia. Reconocen errores en los demás, pero en lugar de quitarles responsabilidades más bien permiten que ellos crezcan a partir de esos errores. No ven otros ministerios o iglesias como amenazas, sino que reconocen que en el Reino de Dios hay una gran variedad de pensamiento, métodos y formas.

La actitud correcta

Tomando todo eso en cuenta ¿Cómo podemos aplicar el pasaje de Lucas 17:7-10 a la lista anterior?

El asunto es sencillo, el pasaje nos enseña que si un siervo hace lo que tiene que hacer, no debe vanagloriarse, sino más bien decir: “Somos siervos inútiles, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber.” Esa actitud lo va a llevar a usted ha ser parte del grupo #4 indefectiblemente.

¿Ha iniciado usted una iglesia o un ministerio muy importante? Siervo inútil, no ha hecho más que cumplir con su deber.

¿Ha tomado una iglesia o ministerio y lo ha hecho crecer? Siervo inútil, no ha hecho más que cumplir con su deber.

¿Ha tomado una iglesia o ministerio que nadie más quería tomar? Siervo inútil, no ha hecho más que cumplir con su deber.

Eso no significa que no hay recompensa en Cristo, pero la recompensa es por su gracia, no por lo que hacemos. La recompensa tampoco viene de las personas, sino de Dios. Y Dios lo hace de esa manera para evitar el orgullo en aquellos que sirven a Dios.

Cuando servimos a Dios, lo hacemos por obediencia, la obediencia es un deber, no es nada extraordinario para que nos sintamos orgullosos al respecto. El servicio a Dios es un privilegio. Debemos valorar lo que tenemos.

Filipenses 2:3-4

No hagan nada por contienda o por vanagloria. Al contrario, háganlo con humildad y considerando cada uno a los demás como superiores a sí mismo. No busque cada uno su propio interés, sino cada cual también el de los demás.

 

Bendiciones !

Un comentario

  1. Esto también se relaciona con el concepto que Jesús enseñó de liderazgo: El que quiera ser el primero entre ustedes, será el siervo. (Mateo 20:27). Somos nosotros los que tendemos a enorgullecernos, pero la Palabra de Dios nos impulsa siempre a ser humildes de espíritu, sin fingimiento.

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