Palabras poco populares: Pecado

Palabras como pecado, arrepentimiento y perdón, son conceptos que se han difuminado en la crítica y la opinión sobre religión. Para muchos, son turbias, poco creíbles, anticuadas, místicas y hasta irrelevantes. Para otros, son indispensables y hasta determinantes para dirigir sus vidas y juzgar las de otros. Sin importar desde qué perspectiva las vea usted, haremos un acercamiento bíblico a la palabra pecado, con un enfoque histórico. Esto con el único fin de construir un argumento crítico con el cual sea posible entender este término y no desacreditarlo por considerarse exclusivo de la religión, o una palabra que ya nadie usa.

En pocas palabras, el objetivo es entender si existe la condición de pecado o no, y las implicaciones de lo que creamos. Por esta razón, es pertinente valorar el tema desde una perspectiva bíblica (judeo-cristiana) puesto que es el único argumento teológico que relaciona la dinámica “pecado – arrepentimiento – perdón” de una manera integral en toda su doctrina. Otras religiones y perspectivas seculares no cuentan con todos los componentes o con ninguno. Pero tocaremos este tema pronto en un próximo artículo.

¿Qué implica que ignoremos o que prestemos atención a la idea de “pecado”?

El significado de estas palabras se circunscribe dentro de una condición moral de la naturaleza humana. La dinámica de arrepentimiento y perdón, se condiciona a la existencia del pecado. Es normal escuchar a personas pedirse perdón en cuanto han cometido alguna falta hacia alguien. Así como se nos hace normal, no querer pedir perdón, cuando consideramos que no cometimos la falta de la que se nos acusa.

En el caso de una relación con Dios, quienes la tienen logran identificar en algún momento de sus vidas una condición de pecado ante Dios, y quienes no la tienen, normalmente no consideran la necesidad de perdón ni de arrepentimiento, puesto que la condición ni la acción de pecado se ha cometido en contra de un Dios, o porque no se encuentra la falta, o porque no se encuentra la figura de Dios a quien se ofendió. ¿En cuál de estas posiciones se encuentra usted?

De acuerdo a su respuesta, considere la visión que usted tiene sobre Dios. Comprobaremos que el experimentar el arrepentimiento está estrictamente relacionado a la cosmovisión de cada persona, desde una perspectiva de la visión que se tiene acerca de Dios y de los valores: quién es Dios, quién es para mí y qué se considera una ofensa y qué no, conceptos que están muy relacionados a la conciencia de “lo que es bueno y lo que es malo”.

Esta condición, que podría considerarse desde una perspectiva individual o colectiva, puede disponer o indisponer a una persona hacia la necesidad de un perdón, en este caso, de parte de Dios. En términos subjetivos, la conclusión  a la que cada quien llegue le hará ver si considera que necesita de una salvación o no.

Más adelante veremos que hay un rol activo de Dios en toda esta dinámica, pero por ahora entenderemos que la cosmovisión influye en la disposición de una persona hacia una conciencia de pecado.

¿Qué es pecado?

Tal como la imagen chistosa que se muestra, el pecado es una acción de la cual uno puede arrepentirse,  e implica alguna acusación, condenación o culpa, y por lo tanto se quisiera estar liberado. Que el sacerdote de la imagen considere que algo es pecado o no lo es, no es tanto el tema de este artículo, sino más bien es la tesis de si existe o no la condición de pecado.

Por un meme como éste, es que pensamos que estas palabras no tienen nada de popular, y que las personas las usan con desaprobación, ignorancia o ligeraza. Honestamente, lo que generalmente se piensa sobre el pecado no es un cuadro muy favorable, pero espero que cuando llegue al final de este artículo, pueda considerar otra perspectiva.

“Pecado” es una palabra que se encuentra en casi todos los libros de la Biblia. Diferentes significados se traducen en la RV1960 con esta palabra: ofensa, culpa, daño, falla, error, fraude, delito, mal moral, iniquidad, crimen y su pena, impureza. En el Nuevo Testamento, la palabra más común traducida como pecado es “hamartía”, que implica en su significado, error trágico, error fatal, defecto, fallo, y tiene origen militar. Pecado en la Biblia significa ejecutar una ofensa en contra de Dios y representa una condición desfavorable de la cual necesitamos escapar.

Afortunadamente la palabra “perdón” en la Biblia aparece en una proporción similar. En la traducción RV1960 no está mencionada tantas veces como la anterior, pero también es usada en casi todos los libros de la Biblia. Y si buscamos otros sinónimos como misericordia, piedad, expiación, redención, veremos la contraparte balanceada en el texto bíblico.

Basados en todo lo anterior, éste es el argumento que presentamos:

Si existe una conciencia de pecado hacia Dios, existe una necesidad de perdón también. Y si el perdón es necesario, deberíamos darle la importancia que amerita.

Para comprobar ésta cuestión, revisaremos el origen y uso de estas palabras en el contexto histórico bíblico, y trataremos de proyectarlo a nuestra actualidad.

Una breve historia del pecado

Génesis: El trato de Dios con el hombre

  • El comienzo:

El relato bíblico cuenta la creación de la tierra por parte de Dios y cómo crea al ser humano y establece una dinámica con el ser humano que implica que escuche su consejo, que era bueno. Esto no sucede y por lo tanto, se ejecuta la primera falta en contra de Dios. No se atendió el consejo de Aquel que se había revelado a Adán y a Eva como su Creador. Un síntoma de arrepentimiento, demostrado por ellos estuvo en la acción de esconderse, justificarse o culpar al otro (aunque ciertamente, el mismo relato de Génesis le atribuye a la serpiente el haber incitado a cometer el fallo). Dios, en su balance entre justicia y misericordia, les quita privilegios (cosa que había advertido) y les da una segunda oportunidad (porque tenía un propósito con el ser humano). Este es el origen de lo que se conoce como “una naturaleza pecaminosa” y una clara misericordia de Dios.

  • El plan:

Ante un futuro que se podría considerar “comprometido”, Dios traza un plan: elige a Abraham (quien no le conocía ni siquiera como Creador) y le hace una promesa de bendición, a partir de él hacia todas las familias de la tierra (entiéndase por familias, etnias o grupos sociales). La respuesta de Abraham para consolidar esta promesa está en su fe, en creer en su Creador y en su consejo. Eventualmente este trato de Dios con Abraham, se convierte en la clave para que el perdón de Dios esté al alcance de todos, por la única razón de que el hombre no sería capaz por sí solo de atender fielmente el consejo de Dios.

Tiempo en el desierto: Dios establece una ley

  • La necesidad de enseñar un estándar:

Luego de que la descendencia de Abraham creciera y se expandiera territorialmente, y también sufriera una opresión en Egipto y una liberación de parte de Dios, Él mismo se les revela nuevamente, esta vez como grupo de personas, y les constituye una ley. Una serie de estatutos que definen por decirlo de una manera “las reglas del juego”. Dios quería establecer un estándar. ¿Con qué propósito? No sólo necesitaba estar bien representado por el pueblo que era suyo (si Él es Santo, su pueblo debía también serlo), sino que quería, a través de ellos, cumplir la promesa que le hizo a Abraham, mientras que el mundo seguía creciendo, desarrollándose y muliplicándose.

  • El método de la sustitución:

La práctica demuestra que el hombre sigue teniendo dificultades para atender el consejo de Dios y lo ofende constantemente. Pero como ya eso había pasado una vez y Dios todo lo sabe, Él tenía una manera de compensar la ofensa: el sacrificio. Este sacrificio sería un método temporal, establecido en la ley, pero a la vez, por decirlo así, un entrenamiento moral. Dios pediría a cambio del pecado, el sacrificio de algún animal o la entrega de alguna ofrenda significativa. La sentencia aquí está marcada por la condena, puesto que es lo justo (la muerte era la única cosa que compensaba una ofensa ante Dios, puesto que Él es el Creador), pero de nuevo, con misericordia, no la pagaría la persona, sino la ofrenda o el sacrificio dado. Se trata de una sustitución. El pueblo está siendo entrenado, con el fin de alcanzar una armonía con quien les creó, mientras Dios continúa su plan de bendición.

Desarrollo del pueblo de Israel: la consolidación

  • Hacia la perfección:

El periodo de la historia de Israel hasta la venida de Jesucristo significó la consolidación de la identidad del pueblo en relación a su Dios. En los muchos eventos históricos que relata el Antiguo Testamento se ve a Dios haciendo justicia y teniendo misericordia, alabando al que hace bien y exhortando al que hace mal, pero consistentemente, recordando su estándar: su santidad. Y como el pueblo no alcanzaba ese estándar, este fue un periodo también de paciencia de Dios, mientras el pueblo anhelaba una segunda promesa que fue Dios revelándoles con el tiempo: vendría alguien que los redimiría para siempre de sus pecados y el mal no seguiría más y tendría su castigo completo. El bien reinaría para siempre y dejaríamos algún día de ofender a nuestro Creador. Soñarían con el tiempo de redención.

  • Un Creador, un plan de carácter universal:

Durante este periodo también otros pueblos fueron testigos de que el Dios de los israelitas no sólo era santo, sino también poderoso. No sería como los demás dioses de la tierra, sino el Creador de todo y no habría otro Dios como Él. Y entonces ellos también serían invitados a ser parte de la promesa hecha a Abraham hace muchos antes, mucho antes de Dios haber constituido un pueblo y una ley.

La venida de Jesús: la promesa cumplida

  • Última sustitución:

Jesús es explicado en el Nuevo Testamento como el cumplimiento de la promesa: la de la bendición (hecha a Abraham), y la de la redención (hecha a la descendencia de Abraham). En Jesús está la representación humana de la santidad de Dios (el único hombre sin pecado), pero al mismo tiempo, significó el pago del pecado (puesto que siendo sin pecado, éste sustituyó a todos los que debían ser condenados, tal cual lo hacían los sacrificios presentados del Antiguo Testamento). Es decir, Dios envió a su Hijo para que por fin hubiera un hombre que pudiera atender el consejo de Dios, pero no era un logro para Él mismo, sino con el fin de que toda la humanidad, la anterior y la siguiente, pudieran ser perdonados por el sacrificio que Él hizo. Esta sería la última sustitución, y luego de esta muerte, ya no sería necesario otro sacrificio.

  • El fin de la condenación es el fin de la muerte:

Pero esta promesa no se representa en la muerte per se, sino en el fin de la muerte, o sea, del castigo por el pecado. Por esta razón, Jesús no sólo murió sino que también resucitó, demostrando ser alguien realmente enviado por Dios y lleno de poder, justamente, para perdonar pecados y por lo tanto, derrocar la condenación por causa del pecado, es decir, la condenación originada por ofender a Dios. Cosa que hasta el momento nadie había podido hacer. Él perdonaría pecados, puesto que dio su vida a cambio. Ya este plan no fallaría. Él no era condenación, era esperanza.

  • Promesa en ejecución:

La condición de perdón ya no estaría en si puedo o no cumplir con los estatutos de Dios, sino en la fe en Jesús, es decir, en la promesa. Tal como con Abraham, Dios hizo toda la parte difícil y lo único que le pediría Dios al ser humano sería fe en Jesús. Esta fe, lo llevaría a tener armonía con su Creador, puesto que lo reconoce como tal. Si habías estado haciendo sacrificios por todas tus faltas, y deseabas la redención, porque creías en la justicia y el amor de tu Creador ¿creerías ahora que Jesús era aquel que el mismo Dios de Abraham había prometido?

En la actualidad: la historia sigue siendo contada

  • Plan vigente:

Nada ha cambiado desde que Jesús vino a cumplir las promesas. Lo único que ha pasado es que esta historia de redención desde el principio de los tiempos ha venido siendo contada a toda la humanidad posible con el fin de que la gente conozca quién es Jesús, y conozca que ha cometido faltas contra Dios, pero que al mismo tiempo, Él ya creó una manera de recibir perdón y tener armonía con Él. Y hasta la fecha, la muerte y resurrección de Jesús, sigue siendo un hecho suficiente para la transformación de muchas personas hacia una vida bendecida y redimida, tal cual ya se había prometido desde el principio.

  • Plan vigente, plan universal:

Como dijimos antes, si la conciencia de pecado está relacionado a la cosmovisión cultural, la tarea de comunicar a todas las naciones esta historia, implica dar a conocer una condición que no se sabía que se tenía (pero que se sufre), y por lo tanto, una manera para salir de esta condición y por fin, conocer al Creador, que como Abraham en un principio, tampoco conocía.

Así se consolida la idea de pecado universal y del plan de salvación a través de Jesucristo. Pero quizás, aún te cuestionas cómo una conciencia de pecado de “origen judeo-cristiana” puede implicar a cualquier ser humano a pesar de su origen y su cosmovisión.

En términos de cosmovisión…

En teología existe el término argumento de moral objetiva, el cual argumenta sobre la existencia de una moralidad en toda la humanidad, determinada por Dios. Para poder comprenderlo mejor, le invitamos a ver el siguiente video elaborado por Reasonable Faith.

El argumento moral nos da a entender que el ser humano pudiera tener conciencia de un dios, una idea de lo bueno y lo malo, pero la Biblia transmite la explicación del Dios verdadero, como creador y amigo del ser humano. Dios está presente en todo el mundo y Él estableció estas reglas morales objetivas con las que el mundo puede identificarse, pero la historia del origen está aún siendo contada en todos los rincones de la tierra. Esta historia comenzó en un grupo geográfico que funcionaría como punto de expansión. Es decir, no se trata de un punto de vista judeo-cristiano, aunque éste sea su origen. Sino de un punto de vista universal, y ese hecho como tal, hace de la fórmula “pecado, arrepentimiento y perdón”, un concepto que no debería tener nada de impopular.

Mientras Jesús estaba en esta tierra, luego de haber muerto y resucitado, le dijo a sus seguidores:

Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

Lucas 24:46-47

En términos de la vida diaria…

Considerando entonces que existe un Creador, y que ofrece bendición y redención a través del sacrificio de Jesús, ¿cómo sé que yo lo necesito? ¿qué me demuestra que yo, en mi vida diaria, he cometido alguna falta en su contra que merezca la muerte? Me atrevo con todo el privilegio del mundo a contestar a esta pregunta. No puse ejemplos en ninguno de los momentos históricos porque en esencia, pecar es no atender el consejo de Dios, sin importar necesariamente a qué aspectos prácticos eso se transfiera. Podríamos ver caso por caso y darnos cuenta de varios principios en común:

  1. Una vez que los primeros seres humanos fallaron en obedecer a Dios, Él les quitó ciertos privilegios, y en pocas palabras, la vida humana tendría sufrimiento. El pecado trajo dolor. Así que, ya vivimos en un mundo con maldad y dolor. Esto lo sabemos y lo sufrimos todos.
  2. Ante esta condición, podría usted considerar cada situación en su vida en la que le ha fallado a alguien más y a usted mismo. Las leyes que Dios estableció para su pueblo estaban diseñadas para resguardar una armonía entre Dios y ellos, pero también entre ellos mismos, para su propio bien y para el de todos. Eventualmente Jesús dijo que toda la ley y los profetas se resumiría en “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo”. ¿No es esta una excelente definición del “bien”?
  3. Y como ante esta situación, se nos hace demasiado difícil no fallar, equivocarnos, lastimarnos o lastimar a otros, esto refleja cómo es tan fácil para nosotros fallar a Dios. Eso hace que su iniciativa de enviar un sustituto (primero temporal y luego un único último), fuera la única manera de que nuestras faltas tuvieran una consecuencia justa, pero siendo nosotros restituidos. ¡Al fin y al cabo nos creó por algo y no para perdernos!

Lo que concluimos es que Dios lo que trae no es condenación, sino que su objetivo es doble: vencer el mal, mientras que salva al que lo comete. ¿Cómo es eso posible? ¿Quién tendría ese amor y esa paciencia?… Sólo un Creador, pienso yo.

Todavía queda más por decir. En una segunda parte, nos enfocaremos más en la reacción ante el pecado: el arrepentimiento (que tampoco es una palabra muy querida), y en el fin de esta última, el perdón.

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